Para que un producto sea considerado orgánico debe tener ciertas condiciones establecidas en la legislación oficial, Ley 25.127 y sus reglamentaciones.

El control del cumplimiento de la legislación sobre todo el proceso de producción, elaboración y comercialización hasta que llega al consumidor es llevado a cabo por entidades certificadoras habilitadas por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), que es la autoridad competente en la fiscalización de estos productos, a través de inspecciones a los operadores y auditorías a las entidades certificadoras que habilita.

La condición “orgánica” de un producto es un atributo de calidad que certifica que se ha obtenido respetando determinados requisitos que son adicionales a los que se exigen para los productos convencionales.

Esta característica se obtiene como resultado de aplicar un sistema global de gestión a lo largo de las etapas de producción, elaboración y comercialización de los productos agropecuarios, que combina las mejores prácticas ambientales (dando énfasis a la fertilidad del suelo y a la actividad biológica del mismo), un elevado nivel de biodiversidad, la preservación de los recursos naturales (con el mínimo uso de recursos no renovables), la no utilización de sustancias de síntesis químicas así como de organismos genéticamente modificados, y la aplicación de normas de bienestar animal.